jueves, agosto 27, 2009

Dé el primer paso...

Lo importante tras haberse fijado un objetivo es entrar en acción. La señora de Charles Philipia, una abuela de sesenta y tres años, adoptó la decisión de trasladarse a pie desde la ciu­dad de Nueva York hasta Miami en Florida.

Llegó a Miami y allí fue entrevistada por los periodistas. Éstos querían saber si la idea de aquel largo viaje a pie no la había asustado. ¿Cómo había tenido el valor de efec­tuar semejante viaje valiéndose de sus piernas como único medio de transporte?

«No hace falta mucho valor para dar un paso -contestó la señora Philipia-. Y, en realidad, eso fue lo único que hice. Di un paso. Y después di otro. Y otro, y otro, y aquí estoy».

Sí, tiene usted que dar este primer paso. Por mu­cho tiempo que dedique al estudio y a la reflexión, ello no le servirá de nada si no actúa.

Un amigo presentó a uno de los autores de este libro a un hombre de Phoenix, Arizona. La presenta­ción fue un poco rara.

«Te presento al hombre que recibió un millón de dólares en efectivo por una mina de oro y que ahora posee el millón de dólares y es, al mismo tiempo, pro­pietario de la mina».

«¿Cómo consiguió usted semejante cosa?», pregun­tó el autor con considerable admiración.

«Bueno, yo tenía una idea, pero carecía de dinero. Tenía un pico y una pala. Tomé el pico y la pala y me fui a convertir mi idea en realidad -contestó-. Y entonces se me ocurrió una cosa: si buscara una mina de oro y cavara alrededor del filón, en caso de que yo encontrara una mina, una de las 'grandes compañías mineras podría explotarla mientras que yo no dispon­dría del capital necesario. Las maquinarias para las minas cuestan mucho dinero hoy en día, ¿sabe usted? Por consiguiente, busqué y encontré un filón de oro. Todos los indicios permitían suponer que había dado con una mina muy rica. La vendí por dos millones de dólares. Las condiciones eran un millón de dólares en efectivo y una primera hipoteca de otro millón de dó­lares. Mientras se estaban efectuando los trabajos de extracción, el filón se agotó. Les dije a los propietarios de la compañía minera que, si deseaban abandonar la mina, yo me quedaría de nuevo con ella y anularía la hipoteca. Aceptaron. Como ve usted, conseguí un mi­llón de dólares en efectivo por la mina y sigo teniendo el millón de dólares y la mina.»

Napoleón Hill

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