viernes, agosto 07, 2009

Cinco claves del éxito y la riqueza que nunca hay que olvidar (III)

Tercera clave: Maximice sus ganancias
Todos los años, cientos de historias reales nos revelan cómo algu­nas personas que han ganado mucho dinero pierden en poco tiempo lo que tanto les costó lograr. Joe Louis, tal vez el mejor boxeador pro­fesional de todos los tiempos, estuvo empleado de guardaespaldas en un casino de Las Vegas en los últimos años de su vida. Como tributo especial a una persona que se podía considerar un orgullo nacional, el Congreso aprobó una ley especial, para evitar que la Hacienda tra­tara de recaudar sus impuestos atrasados. Sencillamente, Joe Louis no podía pagar lo que debía al gobierno.
No es infrecuente en personas que fueron un día millonarios, como jugadores de fútbol, actores de cine, gentes del espectáculo y personali­dades relacionadas con los medios de comunicación, que lleguen a es­tar endeudados, sin remedio, a sus 40 ó 50 años.

"He ganado 3,2 millones de dólares y mi fortuna es de 31.000 dólares..."

Nunca identifique la renta con la riqueza. La renta es lo que uno gana. La riqueza es lo que uno tiene. Un ingreso muy alto no le hace rico de forma automática.

Hace poco conocí a un hombre de cerca de 50 años que me contó que había ganado más de 3 millones de dólares en su vida, y que sólo le quedaban 31.000 dólares.
Me explicó: «Gané mucho dinero, pero hice unas cuantas inversio­nes muy malas y me casé dos veces. Después, hace doce años, tuve problemas con el IRS y, desde entonces, han venido tras de mí como sa­buesos.»

Pensé para mis adentros que si esta persona se hubiera pagado a sí mismo el Impuesto para la Independencia Económica, ahora ten­dría una situación económica buena.

Un amigo que ganó 500.000 dólares al año durante una década, vino a verme hace un mes. «Por supuesto, mi familia y yo vivíamos muy bien cuando yo ganaba mucho dinero. Pero yo invertía todo lo que me sobraba en mi negocio. No supe, hasta que fue demasiado tar­de, que mi socio había estado llevándose el dinero de la empresa. Aho­ra no tenemos nada. Incluso el banco va a ejecutar la hipoteca de nues­tra casa.»

Todo el mundo gana, a lo largo de su vida, una cierta fortuna. Sin embargo, muy pocos tienen una cantidad de riqueza significativa, o incluso muchos no tienen ninguna cuando se retiran.

Resumiendo: emprenda la acción para administrar su economía, aparte el 15 % de lo que gana para invertirlo y multiplicarlo, y podrá mantenerse en pie en cualquier tipo de circunstancia económica.

Piense en la recompensa, y el «sacrificio» le resultará atractivo
La acumulación de riqueza es el juego más estimulante y atractivo que uno puede jugar. Centre su energía y su fuerza de voluntad en la meta de ganar dinero. Ganar dinero no es un sacrificio. Sencillamente, es una forma de lograr un objetivo que merece la pena: la independen­cia económica.

Una joven pareja, Gail y Vic, me hablaron de su experiencia du­rante el primer año en que desarrollaron su plan de independencia eco­nómica. Me explicaba Gail: «Tenemos dos hijas, de 3 y 6 años de edad, de forma que yo no puedo trabajar. Vic consigue unos ingresos brutos de 31.250 dólares. Poseemos una pequeña casa. Y hasta hace un año nos gastábamos hasta el último céntimo. Pero ahora estamos camino de acumular riqueza.»

«¿Qué es lo que hacéis que no hacíais antes?», le pregunté. «Bueno, Vic y yo éramos felices con nuestra situación económica. No íbamos a ninguna parte. De forma que decidimos desplegar un plan de acción. Nos preguntamos a nosotros mismos: “Un coche nuevo y reluciente de 12.000 dólares de precio, ¿vale el cuádruple que un buen coche de 3.000 dólares y que tenga tres años? ¿A quién queremos impresionar? ¿Por cuánto tiempo? ¿Les importa de verdad a los demás lo nuevo que sea nuestro coche? ¿Se consigue el doble de alegría y satisfacción du­rante unas vacaciones que nos cuestan 2.000 dólares, que con otras, bien planificadas, más cerca de casa, menos ostentosas, que cuesten solamente 1.000 dólares?”»

«¿Necesitamos de verdad un segundo aparato de televisión? ¿Qué ocurre con nuestro seguro de vida? Nos dimos cuenta de que, si no estaba bien contratado, lo único que lográbamos era que la compañía de seguros se enriqueciera a cuenta nuestra.»

«Vic y yo repasamos todos y cada uno de los cheques que había­mos firmado el último año. Literalmente, examinamos todos y cada uno de los dólares que habíamos gastado.»
«¿Y qué otras formas encontrasteis de reservar mejor el dinero para conseguir vuestra independencia económica?», le pregunté.

«Nos dimos cuenta de que estábamos suscritos a revistas que no leíamos nunca», continuó Gail, «y de que comprábamos productos so­lamente porque estaban en rebajas, adquiríamos mucha comida inne­cesaria y de otras maneras derrochábamos el dinero.»

«Así que», continuó Gail, «buscamos en nuestro presupuesto gas­tos inútiles y encontramos muchos sistemas, grandes y pequeños, de ahorrar de cara a la inversión. E incluso encontramos aún más ideas para emplear nuestro dinero en aumentar nuestra riqueza.»

«¿Como cuáles?», pregunté.

«Por ejemplo, dejar de fumar», replicó Gail. «Vic había estado fumando durante años dos paquetes al día. Yo ya le decía que fumar era malo para su salud, pero no me hacia caso. Entonces, cuando Vic se dio cuenta de que estaba gastándose 75 dólares al mes, lo cual, invertido al 12 %, a interés compuesto, durante los próximos 32 años —momento en el cual llegaría a los 65— representa cerca de medio millón de dólares, decidió dejar de fumar.» (El comentario de Gail me hizo recordar que, considerados en conjunto, los Norteamerica­nos gastan anualmente el 5 % de sus ingresos en tabaco y alcohol. Eso supone la mitad del objetivo mínimo, del 10 %, que hemos esta­blecido como inversión para el Impuesto sobre Independencia Eco­nómica.)

«Bien», le comenté, «evidentemente habéis pensado mucho en la cuestión de los gastos y de los presupuestos. ¿Cuál ha sido vuestra acti­tud en cuanto a la inversión?»

«La hemos planificado. Durante nuestro primer año de plan de acumulación de riqueza, invertimos 4.600 dólares en unos fondos de mutualidad.»

«Dime», le pregunté, «¿representó realmente todo ello un gran sa­crificio?»

Gail pensó durante unos momentos. Y a continuación dijo muy seria: «No representó en absoluto un sacrificio. Sencillamente estamos viviendo mucho más razonablemente. Y, además, resulta divertido. En este momento tenemos la sensación de que vamos a algún sitio.»

jueves, agosto 06, 2009

Cinco claves del éxito y la riqueza que nunca hay que olvidar (IV)

Cuarta clave: Endéudese de forma inteligente y evite endeudarse de forma innecesaria

El endeudamiento inteligente consiste en tomar dinero en présta­mo para ganar más. Cuando usted toma dinero en préstamo, ponga­mos por ejemplo, a un 10 %, con un buen plan, por medio del cual va a lograr que ese dinero le rinda un 15, 20 ó 25 %, es usted un deudor inteligente. Por regla general la financiación de su casa o de otro bien inmueble por medio de una hipoteca a largo plazo es una forma inteli­gente de endeudamiento.

Un endeudamiento erróneo consiste en tomar dinero en préstamo por medio de tarjetas de crédito o utilizar planes de pago a plazos para financiar un coche, aparatos electrodomésticos o muebles. Cuando pide dinero prestado para sus vacaciones, diversiones, ropa y para gas­tos inútiles en general, es usted un deudor poco inteligente. El tipo de interés que usted paga es, como mínimo, un 50 % más alto que el coste básico del dinero, es decir, del tipo de interés básico. Y usted está res­tando, con ello, cantidades a sus futuros ingresos.

Hace poco vi cómo una joven mujer soltera de 28 años de edad, al abrir su correspondencia comenzó a gritar con júbilo: «¡La he con­seguido, la he conseguido!».

«¿Qué es lo que has conseguido?», le dije, preguntándome qué es lo que estaría haciendo tan feliz a mi amiga.

«¡La tarjeta American Express! ¡Ya me ha llegado! Mírala. Desde ahora soy una de las pocas personas elegidas, y. puedo comprar a crédito en casi todos los sitios.»
Pude comprender la reacción de mi joven amiga. La gente está an­siosa de lograr cierta posición. A la gente le gusta adquirir cosas que no todo el mundo puede tener. Para esta mujer, la tarjeta de American Express le estaba diciendo: «Tienes un trabajo, puedes llevar una vida digna, tienes un buen índice de crédito. Ahora te consideran digna de confianza en el mundo financiero.»
Pero después me pregunté a mí mismo: «¿La tarjeta de crédito es una bendición o una maldición? ¿Le va a ayudar a esta joven a obtener riqueza o va a ser un obstáculo para ello?»

Empecé a pensar en otras cosas que hace tiempo estaban conside­radas como símbolos de una buena posición, como ocurría con los ci­garrillos. Antes de que fueran conocidos los factores referentes a la sa­lud relacionados con el tabaco, los vendedores de cigarrillos decían a las personas que fumar las hacía llamativas, deseables y atractivas.

El fabricante de Camel prometía a la gente que los cigarrillos tran­quilizarían sus nervios y les ayudarían a hacer una buena digestión. Los anuncios publicitarios nos mostraban a gente diciendo: «Andaré una milla en busca de un Camel.»

En este momento, algunas de las personas que empezaron a fumar Camel, no pueden, incluso, ni caminar a lo largo de una manzana de casas en busca de nada. El enfisema, el cáncer, el ataque al corazón y la mala salud en general provocada por el tabaco es el gran precio que los fumadores tienen que pagar por lo que creyeron era una buena posición.

El alcohol se vende por su poder de convertirnos en personas «dis­tinguidas, sofisticadas y dignas de admiración», así como en un mode­lo de comportamiento.

La tarjeta de crédito es como una pistola económica, que mucha gente utiliza para matar su prosperidad futura. Es lo mismo que una droga para un adicto. La tarjeta nos proporciona una euforia inme­diata, que sólo nos conduce a un malestar de la peor especie.

Si tuviéramos un «supervisor financiero», de la misma manera que hay un supervisor sanitario, en todas las tarjetas de crédito estarían escritas estas palabras: «Atención. El uso de esta tarjeta es peligroso para su salud económica. Le puede conducir a gastar demasiado, a te­ner problemas económicos e incluso a la muerte económica (bancarro­ta).»

Todo el mundo conoce la parte buena de una tarjeta de crédito. Es práctica, está ampliamente aceptada como medio de pago, y hace que no tengamos que llevar encima mucho dinero en metálico, co­rriendo el riesgo de que nos roben. Y nos proporciona un informe de cuánto, cuándo y dónde gastamos. Las tarjetas de crédito son indis­pensables en los negocios. Pero la parte negativa de las tarjetas de cré­dito puede interferir en su programa de acumulación de riqueza. He aquí cómo. La tarjeta le cuesta una tarifa anual por el servicio. El inte­rés que las empresas que expiden tarjetas de crédito le cargan a usted, supone, aproximadamente, el doble del interés normal del dinero. Y lo peor de todo, una tarjeta de crédito puede dar lugar a un gasto excesivo e inútil. «Compre ahora y pague después» resulta una tentación irresistible para mucha gente. A los directores de los restaurantes les gusta que los clientes utilicen tarjetas de crédito, ya que, por término medio, los clientes que la usan, gastan un 40 % más que los clientes que pagan al contado y, además, dejan mayores propinas. Al crédito se le puede aplicar todo el mensaje contenido en la cita bíblica: «Lo que siembres, recogerás.» Uno tiene que pagar mucho por sus deudas. El crédito nunca es gratuito, sino que siempre tiene un coste.

Las tarjetas de crédito animan a la gente a derrochar dinero. Estas tarjetas de plástico contribuyen a que usted pierda su cuidado, le dan una falsa sensación de seguridad y le hacen pensar: «Ya se me ocurrirá más tarde cómo pagar.» Una tarjeta de crédito mal utilizada le ayuda a uno a cavar su tumba económica.

De forma que utilice las tarjetas de crédito solamente en aquellos casos en que sea razonable hacerlo. Nunca las use por no tener dinero en su cuenta corriente. Tenga presente que todos los meses aproxima­damente 300.000 tarjetas son retiradas por las empresas que las emi­ten, porque sus usuarios no pueden pagar lo que han gastado por me­dio de ellas.

Nuestra cultura está llena de frases hechas que nos dicen que tene­mos que gastar hasta el último céntimo que podamos de forma inme­diata. «Vive rápidamente, muere joven y ten un cadáver bonito.» «Come, bebe y sé feliz, ya que mañana puedes estar muerto.» «Vive al día.» «Lo que sea, será.» Todas estas frases son recomendaciones para una felicidad a corto plazo.

¿No es más razonable mirar la vida desde un punto de vista más positivo, constructivo y de largo plazo?

Piense en términos microeconómicos... Piense: ¿qué es lo mejor para mí?
Durante varias décadas he tenido una relación profunda y conti­nuada con un hombre que es multimillonario. En este momento tiene 87 años de edad y su fortuna supera los 400 millones de dólares. A pesar de su inmensa riqueza, su estilo de vida es extraordinariamente simple. No tiene un yate, no tiene aviones privados y solamente hay una chica de servicio interna en su casa. Su objetivo económico princi­pal es hacer dinero, «porque disfruto con ello y cuanto más dinero hago, más bien puedo hacer por los demás». Es una persona muy ge­nerosa, que ayuda a buenas causas y a mucha gente, casi siempre de forma anónima. Este amigo mío tan adinerado proviene de una fami­lia pobre, de forma que adquirió su enorme riqueza empezando desde cero. Pero a menudo me dice: «Mis padres me enseñaron los principios religiosos, y he encontrado mejores ideas sobre cómo ganar dinero en la Biblia que en todos los demás libros que he leído.»

Mi amigo y yo hemos pasado juntos muchas horas, hablando so­bre el misterio de la acumulación de riqueza. Este es un pequeño con­sejo que es aplicable al momento presente: «Te diré», me explicaba, «yo tenía 45 años antes de saber qué querían decir las palabras “mi­croeconomía” y “macroeconomía”. Pero cuando aprendí su significado, entendí por qué me iban tan bien las cosas. Había estado practicando la microeconomía toda mi vida sin saberlo. Como sabes, la mayoría de la gente lee los titulares de los periódicos. Todos los días escuchan las noticias económicas. Piensan que las fluctuaciones económicas, del día a día, son importantes. En mi opinión, no lo son. La gente cree que su futuro económico personal depende del panorama económico nacional. Si la economía se va hundiendo en una recesión, ellos dan por sentado que sus finanzas personales van a decaer también. O, por el contrario, si la tendencia es hacia un gran crecimiento económico, piensan que eso les va a beneficiar.»

«Pero eso es absurdo», continuó mi amigo, «yo no me preocupo de la economía norteamericana, ni de la europea, ni de la mundial. Yo me ocupo solamente de mi economía. Nunca he prestado demasiada atención a los índices de valores de Dow-Jones. Yo atiendo a la lógica de cada situación. Allá por los años 50, la lógica me dijo que la segun­da mitad del siglo XX iba a ser próspera para los estados del sur y para el sur de California. Por lo tanto, yo invertí en bienes inmuebles en Atlanta, Dallas y San Diego. Viajé mucho en aquellos tiempos, y me di cuenta de que algunas de las grandes ciudades del norte tenían auténticos problemas.»

«Como puedes ver», continuó, «la gente que actúa bien gana dine­ro, con independencia de la situación económica general. Y los tontos perderán dinero incluso en la mejor de las situaciones. El mero hecho de que otras personas estén en una mala situación financiera no signi­fica, por sí solo, que tú también tengas que encontrarte en la misma situación. Incluso la peor de las epidemias solamente mata a una parte de la población. Ocurre lo mismo con una recesión económica. La ma­yoría de los negocios sobreviven, y los mejores siempre salen bien del apuro.»
«¿Qué me dices del oro?» le pregunté.

«Bueno», contestó mi amigo. «Por supuesto que no te puedo decir cuánto oro habrá el próximo año. Ni tampoco, incluso, cuánto habrá en los próximos cinco años. Pero lo que sí sé es lo siguiente. A largo plazo, siempre hemos padecido un proceso de inflación, y el precio del oro sube cuando el dinero es barato. Recuerdo haber leído que paga­mos a los indios, por la isla de Manhattan, pepitas de oro por un valor de 25 dólares. Tal y como lo veo yo, los indios hicieron un buen nego­cio. Si yo hubiera invertido 25 dólares en el año 1626, que fue cuando compramos la isla, y los hubiera invertido solamente a un 15 % de in­terés compuesto, ahora tendría más dinero que lo que vale en este mo­mento toda la isla.»

«Me preguntabas por el oro; pues bien, cuando Roosevelt eliminó de nuestra economía el patrón oro, su precio estaba fijado en 35 dóla­res la onza. Cuando la inflación nos afecte otra vez duramente, el oro volverá a subir mucho.»

«¿Me estás diciendo que la inflación va a continuar?» «Claro que sí», me dijo, «eso es inevitable. Pero la inflación siem­pre se produce a saltos. Nunca permanece de una forma constante en un 5 o un 11 % al año. En algunos períodos de tiempo, habrá muy poca inflación o nada; incluso puede ocurrir que haya deflación. Pero cada diez años, más o menos, habrá una gran subida. Pero la inflación no me preocupa. Las buenas inversiones casi siempre aumentan de va­lor más que la tasa de inflación. Antes de invertir en algo, siempre re­cabo, como mínimo, dos y, a veces, tres o cuatro opiniones. Las escu­cho todas. Pero la decisión siempre la tomo yo. Me hago cargo de que se trata de mi dinero y de que nadie está tan interesado como yo en tomar la decisión adecuada.»

Resumiendo: Piense en términos microeconómicos. Piense qué es lo mejor para usted. Nunca haga nada —especialmente invertir dine­ro— solamente porque otras personas lo hacen. Pida consejo, pero tome las decisiones por sí mismo.

Cinco claves del éxito y la riqueza que nunca hay que olvidar (V)


Quinta Clave: Participe en la Edad Dorada que se avecina

Cualquier época está llena de oportunidades. Pero nunca, hasta ahora, el futuro ha sido tan prometedor para tanta gente. Estamos si­tuados en la rampa de lanzamiento de una verdadera Edad Dorada. El mundo es como la línea de partida de una carrera de caballos que va a ser emocionante, divertida y llena de compensaciones. He aquí por que.

Integración económica de todo el planeta. Los países cada vez son más interdependientes económicamente. El crecimiento del mercado mundial de bienes y servicios significa que las naciones, en razón de sus capacidades, su clima, su tecnología y sus recursos, pueden espe­cializarse, de forma ventajosa, para fabricar productos. Una de las consecuencias más importantes de la integración económica mundial será un gran crecimiento de la productividad, traducido en un mayor número de cosas para que la gente las disfrute.

Otra de las ventajas del aumento de la interdependencia económica es que hará bajar la posibilidad de guerras. De la misma forma que las personas que se necesitan unas a otras no quieren pelear, las nacio­nes que dependen unas de otras no quieren ir a la guerra entre ellas.
El crecimiento de la población continuará. El principal combustible para la inmensa expansión económica que siguió a la segunda guerra mundial fue el crecimiento de la población.

Durante el período comprendido entre 1945 y 1985, la población de los Estados Unidos creció en 100 millones de habitantes. Ese mayor número de habitantes dio lugar a que se construyeran un mayor núme­ro de casas, escuelas, iglesias, carreteras, se produjeran libros, medios de diversión, cuidados médicos; en definitiva, todos los productos que las personas necesitan por ser personas.
Algunos creen que el crecimiento de la población es un error. Los pesimistas, los derrotistas y aquellos que siempre encuentran fallos en todo dicen que los Estados Unido (y el mundo en general) ya están superpoblados. Según el criterio de estas personas, caminamos hacia una carencia de espacio, agua, comida, aire y de otros ingredientes ne­cesarios para vivir bien.
No permita que las personas que piensan caprichosamente, en sen­tido negativo, perturben su mente. Los Estados Unidos no tendrán ningún problema en mantener a una población de entre 400 y 500 mi­llones de personas (aproximadamente el doble del número actual) du­rante las próximas tres o cuatro décadas. Tenga en cuenta los siguientes hechos:

— A pesar del crecimiento de la población desde 90 millones de personas en el año 1885 hasta 240 millones en el año 1985, se cultivaron menos acres de terreno y la gente ha llegado a estar mucho mejor vestida, alimentada y resguardada. El hambre que pueda existir hoy en día es un problema político, no un proble­ma de producción, económico o tecnológico.

— En los Estados Unidos, hay más de 10 acres de tierra (equiva­lentes a unos 45.000 metros cuadrados) por cada hombre, mujer y niño.

— Si la gente vive en condiciones de superpoblación (en Nueva York, Washington D.C. o Chicago) es porque ella quiere, no porque tenga que ser así.El 75% de la superficie terrestre está cubiera por agua; por medios tecnológicos podría eliminarse la sal que contiene y sus impurezas, si así lo necesitáramos. Existen grandes oportunidades para las personas que ven en el cre­cimiento de la población algo positivo.

La tecnología se desarrollará. La tecnología ya es uno de los secto­res principales. Pero si pensamos en sus posibilidades, todavía es como un niño pequeño. Están desarrollándose rápidamente grandes oportunidades en distintas carreras profesionales, negocios y en inversión en campos tales como la ingeniería genética, la energía solar y eólica la erradicación y prevención de las enfermedades y la explotación, fondo, del espacio extraterrestre. La tecnología nos permitirá construir un sistema interestatal de autopistas. La esperanza de vida puede alcanzar hasta la edad de 95 años o más aún. Todo esto y más puede ocurrir en las décadas que tenemos inmediatamente delante, década que van a tener un efecto directo en su futuro.

Las necesidades humanas seguirán siendo insaciables. El concepto que planteó Adam Smith, hace aproximadamente dos siglos, de q no pueden ser satisfechas todas las necesidades humanas será tan cíe to en el futuro como lo es ahora. Tomemos en consideración, por ejemplo, los viajes, que representan, simplemente, una de las docenas de campos de oportunidades. La gente no puede satisfacer todos s deseos de visitar diferentes lugares en nuestro país y en otros países En el último año, solamente un norteamericano de cada 100 viajó fuera de los Estados Unidos. Cuanto más viaja una persona, más quiere viajar. Si bien los viajes internacionales alcanzaron cifras récord el último año, es probable que se multipliquen como mínimo por cinco durante las próximas dos décadas. Piense en cómo el sector de los viajes puede afectar a otros sectores, tales como el de fabricación de avión y el hotelero.

La Edad Dorada se extiende ante nosotros. Véala. Aprovéchese d ella. Dísfrútela. De la misma forma que la gente no veía las oportunidades hace 40 años, la mayoría de las personas no descubrirán la Edad Dorada hasta que sea demasiado tarde para que puedan beneficiar de ella.
Es difícil explicar a un niño cómo alguien puede ser hoy pobre después del inmenso crecimiento económico y la gran mejoría social que han tenido lugar en los últimos 40 años. Será aún más difícil explicar en el futuro la mediocridad que afecta a tantas personas.

Decídase ahora a contribuir a formar un futuro maravilloso para usted y para sus seres queridos.
Abra las puertas del futuro con estas llaves hacia la prosperidad — Entréguese de forma total a la acumulación de riqueza. El momento de comenzar esta labor es ahora mismo, no cuando esté usted un poco mejor económicamente o cuando no tenga casi nada. ¡Empiece ahora mismo!

— Pague su Impuesto sobre la Independencia Económica. Con­vierta el pago de «impuestos» a usted mismo en un pasaporte para la riqueza. Obtenga el máximo rendimiento a lo que gana. No desperdicie, no sea caprichoso. Piense para sus adentros que tanto la recom­pensa como el sacrificio son atractivos. Sírvase de un endeudamiento inteligente y evite el endeudamien­to innecesario.

— Piense en cómo va a sobrevivir usted, no en cómo va a prosperar la economía en su conjunto.

— Participe en la Edad Dorada que se avecina. Lo mejor está toda­vía por venir.


David J. Schwartz

martes, agosto 04, 2009

Veinte preguntas difíciles para tener un futuro más fácil (I)


La típica estrategia financiera te exige limitar tus gastos hoy y que apartes dinero para un futuro distante, que quizás no vivirás para disfrutarlo. Para muchas personas, la idea de trabajar duro durante 20, 30 o incluso 50 años antes de ver algún beneficio simplemente no resulta atractiva. Nunca comienzan o abandonan los planes rápidamente.

Un pequeño grupo de planificadores financieros se pregunta si es que no hemos confundido completamente las cosas.

Estos planificadores, especializados en la emergente área de la “planificación de vida”, señalan que la mayoría de las estrategias financieras funcionaría mejor si las personas se concentraran en lo que realmente quieren de la vida mientras viven. Si bien es necesaria cierta demora en la gratificación para alcanzar cualquier meta, los especialistas sugieren que habría más personas capaces de hacer los sacrificios necesarios si vivieran vidas más felices que reflejaran verdaderamente sus valores y preferencias.

Los defensores de esta postura dicen que están buscando un enfoque más holístico en planificación financiera, uno que considere los valores más profundos de un cliente, en vez de concentrarse exclusivamente en la cantidad de dinero que podrían acumular.

Ya estás protegido. ¿Y ahora qué?

Sin embargo, el determinar lo que realmente se quiere, puede ser una tarea desalentadora. George Kinder, de Littleton, Massachussets, es uno de los fundadores de este movimiento y formuló una serie de preguntas para ayudar a sus clientes a descubrir lo que es más importante para ellos.

Primero, Kinder, autor de “The Seven Stages of Money Maturity: Understanding the Spirit and Value of Money in Your Life” ("Las siete etapas de madurez del dinero: Comprendiendo el espíritu y el valor del dinero en su vida") hizo que sus clientes imaginaran que ya habían llegado a un punto de seguridad financiera, que tenían suficiente dinero para satisfacer todas sus necesidades, tanto ahora como en el futuro. Luego, les hizo tres preguntas:
• ¿Cómo vivirían su vida? • ¿Qué harían con el dinero? • ¿Cambiarían algo?

Les pidió que no se guardaran nada. Quería en cambio, que visualizaran con el mayor detalle posible la vida de sus sueños. “Describe una vida que sea completa, que sea rica para ti”, sugirió.

Veinte preguntas difíciles para tener un futuro más fácil (II)

¿Qué pasa si tienes un tiempo limitado?

Una vez que los clientes dedicaron suficiente tiempo a imaginar y detallar su vida ideal, cambió de táctica. Les pidió que imaginaran que sus médicos les habían dicho que apenas tenían 10 años de vida. Gozarían de buena salud hasta el momento de morir, pero que no recibirían ningún aviso de cuando morirían. A continuación les hizo tres preguntas más:

• ¿Qué harían con el tiempo que les queda por vivir?

• ¿Cambiarían sus vidas?

• De ser así, ¿cómo cambiarían?

Cómo afrontar la mortalidad
Para el grupo final de preguntas, Kinder llevó a sus clientes nuevamente al consultorio. En ese momento les dijo que sólo les quedaba un día de vida. Les pidió que pusieran mucha atención a los sentimientos que surgieran al afrontar la idea de morir. Finalmente les hizo las cuatro últimas preguntas:

• ¿Qué sueños quedarán sin convertirse en realidad?

• ¿Qué me hubiera gustado terminar o ser?

• ¿Qué me hubiera gustado haber hecho?

• ¿Qué me perdí?

Esta secuencia de situaciones y preguntas está diseñada para ayudar a las personas a visualizar sus metas, mostrando lo que realmente es más importante en sus vidas. Una vez identificados esos valores centrales, se puede crear un plan financiero para ayudarles a hacer de sus sueños una realidad factible, ayudando a los clientes a incorporar esos aspectos ideales en la vida cotidiana.

El objetivo es un significado, no efectivo
Lo que buscamos no son objetivos monetarios, sino un significado”, señala Susan Galvan, Directora ejecutiva del Instituto Kinder () con sede en Pleasanton, California. “Uno no va a mirar atrás y lamentarse de los televisores que no compró”.

Alguien que quería una jubilación anticipada, por ejemplo, puede darse cuenta de que lo más importante para él o ella es pasar tiempo con sus hijos. Puede decidir no centrarse tanto en su carrera y pensionarse más adelante para no perderse los años formativos de sus hijos.

Otra persona puede descubrir que su objetivo de independencia financiera es tan fuerte que se muda a una zona más económica y consigue un segundo empleo para poder solucionar su deuda.

El verdadero trabajo, naturalmente, es tratar de determinar cómo cambiar tu vida de modo que refleje tus valores. Kinder estimula a sus clientes a tener fantasías sobre todo tipo de soluciones y luego limitar sus opciones a aquellas que causarán el cambio lo más pronto posible.

Veinte preguntas difíciles para tener un futuro más fácil (III)

Cómo convertir la fantasía en realidad
Kinder narra la anécdota de un médico exitoso que tenía cuatro niños y una casa, en un barrio caro y cuyo deseo era ser un rabino. El médico pensaba que podría realizar esa transición en un período de 10 a 15 años, cuando los niños estuvieran grandes y en la universidad. Kinder le presentó el desafío de hacerlo en dos años. El doctor lo hizo en cuatro, con el apoyo de su esposa y familia.

“Se mudaron a una zona menos costosa y cambiaron algunas de las cosas que “tenían que tener” en sus vidas”, señala Galvan. La familia apoyó el cambio profesional del padre y fue recompensada cuando “él estuvo más disponible para ellos”.

“La gente se queda atrapada pensando en cómo tienen que ser las cosas, especialmente cuando no pueden ver una solución financiera para ello o una forma de incorporar a su cónyuge”, agrega Galvan. “Pero, a menudo la familia desea que cada miembro sea lo más feliz posible”.

Este proceso puede resultar especialmente difícil para ti si sufres de un grave caso de buscar obstáculos, es decir, el “Sí, pero”. ¿Cómo darse cuenta? Si la última vez que un amigo te aconsejó sobre cómo cambiar tu vida, las primeras palabras que salieron de tu boca fueron “Sí, pero...”, entonces sufres de este problema.

Piensa en soluciones, no en obstáculos
Es evidente que es necesario identificar los obstáculos que pueden evitar que tengas la vida que deseas—afirman los especialistas en planificación—, pero no debes detenerte ahí. Necesitas, en cambio, incorporar soluciones.

Estas son algunas de las preguntas que te pueden ayudar a lograr esa tarea:

• ¿Que está interfiriendo entre yo y lo que yo quiero?

• ¿Cuál es mi plan para superar cada uno de estos obstáculos?

• ¿Con qué cuento, en términos de fortaleza personal y recursos externos, para ayudarme a enfrentar estos obstáculos?

• ¿Qué conocimientos y habilidades necesito agregar para lograr este cambio?

• ¿Existen otras personas a quienes puedo pedir ayuda para superar estos obstáculos?

• ¿Cuánto tiempo tengo previsto para superar estos obstáculos?

• ¿Cómo puedo hacer que estos cambios sucedan antes?

• ¿Necesito el apoyo de mi familia para realizar este cambio?

• Si es así, ¿cómo puedo obtener esta ayuda?

• ¿Cómo puedo evaluar y controlar el progreso hacia mis objetivos?

Seis normas para NO prosperar

Éstas son seis normas para no prosperar que se difundieron tanto hace unos años:

1. Espere sentado su oportunidad.

2. Comente su mala suerte con los demás.

3.No se esfuerce por mejorar su preparación.

4. Laméntese de que los tiempos están muy difíciles.

5. Obstínese en que sin recomendaciones no se logra nada.

6. Confíe y aguarde a que vengan tiempos mejores.

Las personas que piensan y actúan así son personas pasivas, que siempre están esperando a que suceda algo exterior que les fuerce a cambiar; o a que alguien se haga cargo de ellas y las empuje a decidirse a afrontar y resolver sus problemas. Su principal problema son ellas mismas, no tienen una actitud ante la vida que les lleve a usar sus recursos y su iniciativa. Tienen como entumecidos los músculos de la responsabilidad. Pero esos músculos siguen siendo suyos y están ahí: lo que tienen que hacer es ejercitarlos.

Lo sensato es saber centrar nuestros esfuerzos en lo que está a nuestro alcance, no perder nuestras energías en lamentaciones utópicas. De lo contrario, caeríamos en una especie de absurda autofrustración, un estilo de vida por el que las personas se autocastigan al pesimismo, la queja y el enterramiento de sus propios talentos. Recordando aquella vieja sentencia, podríamos decir que se trata de tener:

· coraje para cambiar lo que se puede cambiar, · serenidad para aceptar lo que no se puede cambiar, · y sabiduría para distinguir lo uno de lo otro.

Como se cuenta de aquella multinacional del calzado que envió un delegado comercial a un país subdesarrollado que aún vivía en régimen tribal. Al poco de llegar, el delegado envió un telegrama a la Dirección General de la empresa diciendo: «Negocio imposible, todos van descalzos». Lo cesaron y enviaron a otro, más resolutivo, y a los pocos días recibieron otro telegrama, bien diferente: «Negocio redondo, todos van descalzos. Envíen una remesa de quince mil pares.»

Millonarios dan 20 consejos para administrar el dinero

¿Qué tienen en común Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim o Paul Allen? Se trata de un club selecto: el de los multimillonarios. Ellos han decidido regalar algunos consejos

Si usted cree tener un estilo inigualable para relacionarse con el dinero, entonces quizá deba tomarse unos minutos y leer cómo lo hacen aquellos que tienen más que usted –y que todos nosotros– en la cuenta bancaria.

Y no sólo eso. Haber conseguido que se desprendan de algunos consejos también vale algo. Es que siempre se trata de lo mismo. ¿De qué? ¡Dinero! (pensamos que a esta altura ya estaba claro) y de cómo gastarlo y ahorrarlo, dos cuestiones que nos persiguen a todos (quizás más lo segundo que lo primero) pero en fin... Que el vil metal gravita fuerte en nuestras vidas es una verdad indiscutible.

Hay quienes gracias a talento, experiencia, oportunismo, suerte y relaciones con el más allá han logrado la receta mágica: ni más ni menos que el equilibrio entre ahorrar y gastar y, porque de eso se trata, seguir juntando para amasar fortuna.

La voz de los expertos
Thomas J. Stanley y William D. Danko son seguramente los mayores expertos en millonarios estadounidenses, y han realizado el estudio más ambicioso dedicado a ellos, en su libro The Millionare Next Door ("El millonario de la puerta de al lado"). En él, investigan a más de tres millones y medio de familias que tienen un patrimonio de un millón de dólares o más. ¿Quiénes son? ¿Qué han hecho para llegar hasta allí?

La receta
1. Gastar menos de lo que se gana para poder ahorrar a largo plazo. Aprender a vivir por debajo de las posibilidades reales.

2.Es más importante lograr la independencia económica que demostrar un nivel de vida alto.

3. Hacer un culto del emprendimiento y de la independencia económica. ¡Ah! y enseñárselo a los hijos. He ahí el mejor regalo de todos.

4.Parece que no hay dudas: es más probable que un emprendedor se haga de un mejor patrimonio que un empleado.

5. Hay que hacerse tiempo para detectar oportunidades de negocio. Y entonces sí aplicar todas las energías para generar dinero.

6.Hay que exponerle a alguien las ideas propias. Seguramente lo verá de distinta manera y eso enriquecerá el proyecto.

7. Es necesario separar el capital personal del dinero que corresponde al negocio. Esto da mayor objetividad al administrar la empresa.

8.¿Diversificar? Sí. Si se tiene un negocio, entonces hay que invertir en otros sectores. Las ganancias que arroje uno de ellos permitirán equilibrar pérdidas en el otro.

9. Cuando uno se lanza a un emprendimiento, hay que considerar en los gastos de operación un sueldo mensual fijo para uno. Es que nosotros también comemos. Dará equilibrio y seguridad a las finanzas personales

10. Un nivel de vida alto genera alto consumo, cuestión difícil de sostener en el tiempo sin incurrir en altas deudas y poco ahorro.

11.Algo que ya se dijo pero de distinta manera: si se compran muchas cosas para aparentar ser rico, es muy probable que nunca se alcance ese estatus.

12.Parece que hay que ser como los lirios del campo: sencillos, frugales, estables. Esto genera una sensación de seguridad y protección para las personas que comparten el estilo de vida.

13. Uno bueno: a todos nos gustan las historias de los millonarios casi adolescentes, que hicieron el dinero por control remoto desde un garage. Sin embargo, no hay muchos, son la excepción a la regla. El grueso de las personas logran estabilidad económica y prosperidad después de los 40 años tras varias temporadas de esfuerzo, prueba y error.

14.Otro piola: no dejar que la plata que entra determine el nivel de gasto. Borrar de la cabeza la idea de que, “como gano más puedo gastar más”.

15. Sea previsor. Todos podemos enfermarnos (toquemos madera), o sufrir algún accidente (de nuevo) y otro tipo de imprevistos. Piense en seguros o instrumentos que lo respalden.

16. Proyecte, póngase objetivos de inversión y ahorro. Esto le ayudará a encaminar sus acciones hacia esas metas.

17.¿A quién no le han dicho “¡Sos un consumista!”? Bueno, si es de esos que se desespera en el supermercado o el shopping, piense que con las emociones ocurre lo mismo que cuando uno va al supermercado con hambre: se compra toda la góndola como si lo fuera a comer ahí mismo. Destierre el impulso triste o feliz que rige su compra. O aprenda a ver qué le pasa.

18. Rehúya a la idea de que, como tiene poco dinero para ahorrar, no vale la pena ahorrar nada. Es más difícil ahorrar cuando uno tiene más.

¡Créales!

19. Hay que trabajar, ahorrar, invertir. Y agreguemos uno más: ¡leer todos los consejos!

¿Y el consejo 20? Bueno, nadie sabe. Parece que el último no estaba. Ergo, no quisieron darlo. Adivinemos entonces: hay que ser intuitivo. Así que, utilizando este último consejo, lo mejor es siempre quedarse con algo para los tiempos difíciles; en este caso, el último consejo.

Existen dos clases de inversores...

Es posible agrupar a los inversores, en principio, en dos grandes clases.

1. El primer tipo, el más común, son las personas que compran una inversión empaquetada. Llaman a un revendedor, como una compañía de bienes raíces o un agente de bolsa o un planificado financiero, y compran algo. Podría ser un fondo común, inversión inmobiliaria común, acciones o bonos. Esta es una buena forma clara y simple de invertir. Un ejemplo sería un comprador que va a una tienda de computación y compra una computadora del estante.

2. El segundo tipo, son los inversores que crean inversiones. Este inversor usualmente arma una transacción, así como existen personas que compran los componentes de una computadora y la arman. Es como hacerlo a su medida. Yo no sé nada acerca de cómo unir los componentes de una computadora. Pero sí sé cómo juntar las partes de una oportunidad, o conozco a la gente que lo hace.

Este segundo tipo de inversor es más probablemente un inversor profesional. A veces puede tomar años unir todas las piezas. Y a veces nunca pueden ser unidas. Este segundo tipo de inversor es el que mi padre rico me alentó a ser. Es importante aprender cómo unir todas las piezas porque allí es donde se hallan las enormes ganancias, y a veces enormes pérdidas, si la corriente va en su contra.

Si usted quiere ser el segundo tipo de inversor, necesita desarrollar tres habilidades principales. Estas tres habilidades son adicionales a las requeridas para ser financieramente inteligente:

1. Cómo encontrar una oportunidad de la que el resto no se haya percatado. Usted ve con su mente lo que escapa a los ojos de los demás. Por ejemplo, un amigo compró una vieja casa al azar. Daba escalofríos verla. Todos se preguntaban por qué la compró. Lo que él vio, y nosotros no, era que la casa incluía cuatro lotes adicionales. El se dio cuenta de eso al ir a la compañía de títulos. Luego de comprarla, él la hizo demoler y vendió los cinco lotes a un constructor por tres veces el valor de lo que había pagado por el paquete completo. Ganó u$s 75.000 por dos meses de trabajo. No es demasiado dinero, pero seguramente supera el salario mínimo, y técnicamente, no es difícil.

2. Cómo conseguir su dinero. La persona promedio sólo va al banco. Este segundo tipo de inversor necesita saber cómo aumentar el capital, y existen muchas vías que no requieren un banco. Para poder empezar, yo aprendí el modo de comprar casas sin el banco. No son tan importante las casas, lo que no tiene precio es la adquisición de la habilidad de conseguir dinero.

Demasiado frecuentemente escucho decir a la gente "el banco no me prestará dinero", o "no tengo el dinero para comprar esto". Si usted quiere ser un inversor del Tipo 2, necesita saber cómo hacer lo que detiene a la mayoría de las personas. En otras palabras, la mayor parte de la gente permite que su carencia de dinero les impida realizar una transacción. Si usted puede evitar ese obstáculo, estará millones adelante de aquellos que no apren-den esas habilidades.

Ha habido muchas veces en que compré una casa, acciones o un edificio de apartamentos sin un centavo en el banco. Una vez compré una casa de apartamentos por u$s 1.2 millones. Hice lo que se llama "inmovilizarlo", con un contrato escrito entre vendedor y comprador. Entonces me hice de los u$s 100.000 del depósito, lo que me dio noventa días para conseguir el resto del dinero. ¿Por qué lo hice? Simplemente porque sabía que valía u$s 2 millones. Nunca conseguí el dinero. En lugar de eso, la persona que puso los u$s 100.000, me dio u$s 10.000 por haber encontrado el negocio, él tomó mi lugar, y yo me aparté. Tiempo total de trabajo: tres días. Una vez más, se trata más de lo que usted sabe que de lo que usted compra. Invertir no es comprar. Es más un caso de conocimiento.

3. Cómo organizar a personas sagaces. Las personas inteligentes son las que contratan o trabajan con una persona que es más inteligente que ellos. Cuando usted necesita un consejo, asegúrese de que elige a su consejero con sabiduría.

Hay muchísimo por aprender, pero las recompensas pueden ser astronómicas. Si usted no quiere aprender esas habilidades, ser un inversor del Tipo 1 es altamente recomendable. Lo que usted sabe su mayor riqueza. Lo que usted no sabe es su mayor riesgo.

Siempre hay riesgo, así que aprenda a manejar el riesgo en lugar evitarlo.

Robert Kiyosaki

El 'Experimento Tortuga': Cómo ganar en la Bolsa siendo novato

¿Es posible seleccionar a un grupo de personas que no sepan nada del mundo financiero, entrenarlas por unas semanas y que tengan éxito invirtiendo en Bolsa?

Pues aunque parezca increíble, Richard Dennis demostró que esto es posible en una especie de experimento que realizo en los años 80.

Puso un anuncio en el periódico en el que se buscaban traders para ser entrenados y aprender como invertir en Bolsa, y después trabajar para el. Más de 1000 personas respondieron al anuncio, y de ahí recluto a unos 20 con diferentes perfiles todos ellos, alguno era hasta jugador de cartas profesional.

Entreno a sus “estudiantes” por un par de semanas y les proporcionó el capital inicial para empezar a operar siguiendo lo aprendido, que se basaba en un sistema que seguía unas reglas pre-establecidas. La cuestión era seguir el sistema a rajatabla.

Richard creía que el trading o la operativa en los mercados financieros podían ser enseñados, y que se basa en seguir unas reglas sistemáticamente, en acogerse a un sistema. Por lo tanto defendía la idea de que cualquier persona siguiendo esas reglas y con disciplina puede tener éxito en el mercado.

LO IMPORTANTE, LA DISCIPLINA EN LAS REGLAS
Cuando se le preguntaba si no creía que era peligroso revelar sus secretos, como creen otros traders, por miedo a que alguien les copie o haga lo mismo, el contestaba que no creía que las estrategias de trading dejen de funcionar porque alguien las conozca, o porque alguien tenga una idea general acerca de ellas.

Decía que los mas importante es tener la disciplina para seguir esas reglas pase lo que pase y una vez tras otra, “uno puede publicar las reglas de cómo invertir en el periódico, y nadie las seguirá consistentemente”, “lo importante es la consistencia y la disciplina”.

Su grupo de aprendices fueron conocidos como “The Turtles”, “Las Tortugas”. El método que utilizaban era el “trend following”, el seguimiento de la tendencia. Básicamente trataban de identificar la tendencia en curso e invertían en ese mismo sentido.

Al principio todos sus estudiantes fueron exitosos mientras que trabajaban para él bajo su tutela. Después una vez que el tiempo fue pasando y se fueron separando, sus carreras discurrieron de una forma muy dispar, hay algunos que son exitosos traders, y otros que lo han perdido todo.

¿CUÁL PUEDE SER EL MOTIVO DE LAS DIFERENCIAS?
La principal razón es que cuando todos estaban bajo la batuta de Richard, actuaban con disciplina y se ceñían al sistema. Cuando cada uno se fue por su cuenta, entonces necesitaban tener la responsabilidad de seguir ese sistema, y muchos se desviaron.

Richard pudo proporcionarles las reglas iniciales para invertir, y hacer que las siguieran mientras trabajaban para el, pero no pudo proporcionar la disciplina necesaria para que siguieran el sistema una vez que volaron libres.

Richard fue un exitoso trader pero no le fue tan bien como “money manager”. La diferencia es que como trader operaba con su propio dinero, y no tenia que rendir cuentas a nadie.

Mientras que como money manager operaba con el dinero de clientes, y tenia que soportar la presión que supone el tener que obtener unos resultados esperados a corto plazo. Era especialmente duro sobre todo cuando la cartera experimentaba bajadas inesperadas.

SISTEMA Y PSICOLOGÍA
Como conclusión podemos decir que para invertir en Bolsa son importantes dos componentes: el sistema y la psicología.

El sistema, porque es necesario tener una forma de como que invertir, encontrar unas reglas a seguir para desarrollar nuestras operaciones, y por “sistema” no necesariamente nos referimos a nada complicado.

Hay gente que utiliza sistemas electrónicos complicadísimos, y gente que es muy exitosa siguiendo unos principios bien sencillos.

Después de que tenemos el sistema, entra en juego, y esto es verdaderamente importantísimo, tener la disciplina necesaria para seguir ese sistema que hemos desarrollado.

Como para todo en la vida, sin la disciplina necesaria para seguirlos, los sistemas en sí mismos no sirven de nada.

Fuente: www.finanzas.com